(7 de abril 1770 - 23 de abril 1850) fue uno de los más importantes poetas románticos ingleses. Junto a Samuel Taylor Coleridge, contribuyó a la evolución de la época romántica en la literatura inglesa con su publicación conjunta de Baladas líricas en 1798. El carácter innovador de su poesía se debe a la elección de los protagonistas, personajes de humilde extracción, del tema, que es la vida cotidiana, y del lenguaje, sencillo e inmediato.
Ahora, mientras los pájaros cantan
Ahora, mientras los pájaros cantan alegres melodías
Y los pequeños corderos retozan
Como si bailaran al son de un tambor,
A mí me invade la pena: un lamento me brindó alivio pasajero
Y ahora recupero mi fortaleza.
Desde arriba resuenan las trompetas de las cascadas,
Mi dolor no enturbiará de nuevo la primavera.
Oigo los ecos que retumban en las montañas,
El viento llega hasta mí desde hermosos valles
Y nace la felicidad en mí.
La tierra y el mar se entregan de nuevo a ella,
Y a mediados de mayo los animales se sienten alegres.
¡Tú, hijo de esa alegría, grita a mi alrededor,
Quiero oírte gritar, oh pastor feliz!
Oí mil notas mezcladas
Oí mil notas mezcladas,
Mientras en la arboleda me sentaba reclinado,
En ese dulce ánimo en que los serenos pensamientos
Traen ideas de tristeza a mi pensamiento.
A sus bellas obras la naturaleza unió
El alma humana que por mí fluía;
Y mi corazón se angustiaba al pensar
Lo que el hombre ha hecho al hombre.
A través de las matas de la dulce enramada
Tejía la pervinca sus guirnaldas;
Y doy mi fe que cada flor
Se deleita en el aire que respira.
Los pájaros a mi alrededor saltaban y jugaban,
No puedo yo medir sus pensamientos,
Pero el menor de sus revuelos
Parecía de placer estremecido.
Las ramas que brotan extienden su abanico
Para capturar el aire de la brisa;
Y debo pensar, y hago cuanto puedo,
En el placer que había en aquel lugar.
Si no puedo evitar tales pensamientos,
Si tal fuese la intención de mis creencias,
¿No tengo acaso razón para lamentar
Lo que el hombre ha hecho al hombre?
16 de septiembre de 2016
18 de abril de 2015
Gustavo Adolfo Bécquer
(Sevilla, 17 de febrero de 1836 - Madrid, 22 de diciembre de 1870) Poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo.Bécquer, junto a otros poetas, les atraía el Romanticismos alemán, especialmente el de Hein. Buscaba un lirismo intimista, sencillo de forma y parco de ornamento, refrenado en lo sensorial para que mejor trasluzca el sentir profundo del poeta. Su lírica ya no es declamatoria sino para decir al oído.
Rima XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.
Rima XX
Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.
Rima XXIII
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
Rima LXIX
Al brillar un relámpago nacemos
y aun dura su fulgor cuando morimos:
¡tan corto es el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡despertar es morir!
Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
qué te diera por un beso!
Rima LXIX
Al brillar un relámpago nacemos
y aun dura su fulgor cuando morimos:
¡tan corto es el vivir!
La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡despertar es morir!
(Si le interesa leer más del autor busque Rimas y Leyendas)
4 de marzo de 2015
EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS
De Miguel Ramos Carrión
Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros
del seminarista de los ojos negros
12 de julio de 2014
Una rosa
I
Del pavimento
recojo una rosa
y de sus pétalos
se desprende
como vuelta de hoja
en espirales
la memoria.
II
La calle
sostiene neumáticos rabiosos,
cantan las notas carmesí
de aquella melancólica.
¿Cómo imprimir al aire
en apacible silencio
el temor
de estas fauces?

Rosa por Abril Albarran se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.
Basada en una obra en http://menteestrafalaria.blogspot.mx.
12 de mayo de 2014
Río
Publicado en Blanco Móvil No. 125
Invierno 2014.
Fotografía de Eiji Fukushima Martínez
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 2.5 México.
16 de octubre de 2013
THE SWITCH
And the day switches over
morning
light
while I walk
on velvet streets,
―nightmares,
dies out
in my people’s soul.
My shadow is blurring,
I’m
losing myself too.
INTERRUPTOR
(Traducción)
Y
el día cambia la frecuencia
de luz matutina
mientras
camino
en calles de
aterciopelo,
―pesadillas,
miro
cómo el fuego de la tarde
muere
en el alma de mi pueblo
mi
sombra se torna borrosa,
me estoy perdiendo también.Este obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 2.5 México.
(Publicado en: http://bigbridge.org/BB17/poetry/mexicopoetryanthology/mexico-poetry-anthology-contents.html#)
29 de agosto de 2013
El gusto por los bailes
Daniel Sada (Mexicali 1953 - 2011)
[...]En su cuarto la encerrona:
gran lloriqueo reflexivo,
mismo que por ser monserga
a poco encontró lo inverso:
la alegría de estar a solas
recordando sus meneos,
par de ritmos, bruto empacho,
y prontoel llanto ya no,
ni una lágrima nonata,
sino la calma risueña
de saberse una belleza
deseada por los galanes
más esbeltos de Saltillo.
Año de mil novecientos:
abridor de fantasías,
tanto invento inenarrable
por venir, tanta mejora,
que ojalá en lo concerniente
a los valses y a las polcas
no acabara en un cambiazo
empeorado o medio chango.
(Fragmento, en Ese modo que colma de Editorial Anagrama
)
[...]En su cuarto la encerrona:
gran lloriqueo reflexivo,
mismo que por ser monserga
a poco encontró lo inverso:
la alegría de estar a solas
recordando sus meneos,
par de ritmos, bruto empacho,
y prontoel llanto ya no,
ni una lágrima nonata,
sino la calma risueña
de saberse una belleza
deseada por los galanes
más esbeltos de Saltillo.
Año de mil novecientos:
abridor de fantasías,
tanto invento inenarrable
por venir, tanta mejora,
que ojalá en lo concerniente
a los valses y a las polcas
no acabara en un cambiazo
empeorado o medio chango.
(Fragmento, en Ese modo que colma de Editorial Anagrama
)
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